UNA PERSONA CORRIENTE
Una entidad bancaria que opera en nuestro país ha basado la publicidad de su cuenta estrella, en su cliente objetivo: una persona nada corriente.
El spot muestra a un individuo especial por la sencilla y sensata razón de recoger un envase de zumo de un pasillo de un hipermercado y colocarlo en el estante de los néctares; por dedicar parte de su tiempo de ocio al noble arte de la lectura en compañía de su mujer; por dar un gratificante paseo por una plaza acompañado de sus hijos; por disfrutar de un momento impagable descansando en un banco del parque con la cabeza de su vástago apoyada en su regazo; y, por dar una relajante y saludable caminata en compañía de su fiel compañero.
Todas las situaciones descritas muestran a un hombre afable, familiar, sencillo, llano, franco. Un hombre del siglo XXI, en absoluto gris, anodino, insulso, ordinario, vulgar, trivial, nimio o mediocre.
Le propongo a la agencia de publicidad que ha dado vida al magnífico anuncio que incluya en las distintas secuencias a un sujeto que realiza la solidaria acción de ayudar a cruzar la calle a una persona mayor o discapacitada, tire los desechos que genera en una papelera o permita que su mascota realice sus necesidades en los sitios indicados para ello; que refleje a una mujer, un hombre, una chica, un chico, una niña o un niño tolerante con las personas subdotadas, con aquellas que profesen otras religiones y creencias, tengan distintas edades o provengan de otras esferas sociales; respetuosas con su entorno y el medio ambiente; que pongan en práctica el exquisito arte de la conversación; honestas, respetuosas, cumplidoras, prudentes, discretas, afables, humildes, conciliadoras…
Posiblemente, jamás tendré una cuenta en su entidad financiera, no porque no encuentre satisfactorias las condiciones que ofrece sino porque razones personales provocan que la posea en otra firma, pero no duden que me siento totalmente identificada con las cualidades que “venden” como poco corrientes o habituales.
Independientemente de donde me encuentre, recojo todo aquello que encuentro tirado y lo coloco en el lugar que originariamente le pertenece; leo con placer todo lo que mis pocas horas libres me lo permiten, muchas veces en la feliz compañía de mis hijas; resto encantada horas diurnas, que araño al sueño, para acompañar a mis chicas a sus actividades extraescolares, visita al parque incluida; disfruto de la enorme fortuna de ser su centro de atención y punto de reposo de sus lindas cabezas, brazos o piernas en sus ratos de descanso. ¡Ah! no tengo mascota pero si “sobrinos peludos” hablaran les dirían que les adoro y lleno de mimos.
Permítanme una sugerencia, titulen a su campaña: una persona corriente. Así es como yo me siento.


