CUESTIONES DE ESTILO NUPCIAL
La pasada noche tuve ocasión de padecer, me resulta totalmente imposible afirmar que presenciar, los consejos de un reconocido experto en saber estar y buenas maneras, el señor… en un programa de entretenimiento nocturno. Lo que el presentador del espacio se olvidó de aclarar es la década, o siglo, en que las recomendaciones del citado caballero eran reconocidas.
Abordaban en exclusiva el tema de las bodas. Lanzar arroz a los novios y las tartas de boda deben erradicarse sentenció nada más iniciar su charla. El lanzamiento del cereal por tratarse de una vulgaridad y la tarta porque ninguno de los invitados es capaz de probar, tan siquiera un bocado.
Debo discrepar, desde mi humilde pero convencido criterio; arrojar arroz a los novios, estimado señor… vulgaridad o no, es una tradición importada de Asia, reconocida y practicada desde la Edad Media, distintivo de la abundancia, prosperidad y fecundidad deseada a los desposados y, por lo tanto, respetable. Si usted me pregunta que recomendaría “proyectar” a los recién casados, le respondería, sin dudarlo, pétalos de rosas, preferentemente blancos, al simbolizar inocencia, alegría e ingenuidad.
Respecto a que nadie llega a probar la tarta nupcial debo reconocer que en todas las bodas a las que he asistido, yo misma, así como el resto de invitados, no solo probamos sino que prácticamente acabamos la porción de pastel que amablemente nos dispuso el camarero en la mesa. Digamos que es una “obligación” disfrutar del último y representativo plato del menú. Podremos degustar ligeramente el pescado, no probar ni una mínima porción de carne pero la tarta… la tarta hay que probarla, al menos.
Uno de los oyentes del programa, que invitaba a contar anécdotas personales, comentó que estando su futura esposa y él a pie de altar, el sacerdote no pudo oficiar la ceremonia religiosa al no haber llegado de Roma la dispensa nupcial. Celebraron igualmente el banquete al haber realizado la reserva con varios meses de antelación y no poder practicar la anulación de la misma el día señalado. Pues bien, nuestro especialista se atrevió a preguntar al señor que relataba el suceso si… ¿había consumado? Y presume usted caballero de estilo…
Solicitada su opinión respecto al vestuario a llevar en tan señalada fecha, tan solo aconsejó que los hombres obviaran el gris claro a la hora de seleccionar la tonalidad del “morning coat” y huyeran de los zapatos de rejilla… Breve y contundente, sobran más comentarios.
Reconoció que en Galicia se come mucho y muy bien, lo suscribo señor…, totalmente de acuerdo. “Y para comer, Lugo” fue la campaña que hace años lanzó la Asociación de empresarios de hostelería de mi tierra. Un gran acierto. Invito a reafirmarse en mi declaración a todo aquel que quiera verificarlo. Se llevarán una sorpresa… y repetirán.
En defensa del especialista en cuestión, he de reconocer que comparto su opinión de no detallar la cuenta corriente de los contrayentes en la invitación de boda, ni solicitar dinero en efectivo; hay otras opciones más elegantes y apropiadas. Apoyo, igualmente que unos entrantes, dos platos principales y un postre son un acertado menú para cualquier boda que se precie, aunque me decantaría por uno, y solo uno, buen marisco gallego en lugar de un consomé o una crema, seguido de un excelente pescado o carne y la reconocida tarta nupcial.
Podría desmenuzar todas las recomendaciones ofrecidas: la tonalidad adecuada para los trajes de los contrayentes; premisas a tener en cuenta en la elección de los regalos; los entrantes, de un tamaño ideal para tomar de un bocado, sin que integre ninguno de los ingredientes que formarán parte del menú principal; el marisco, presentado a la mesa listo para tomar… con cubiertos… pero serán objeto de otro artículo.


