MINEROS CHILENOS Y ORATORIA
Con motivo de la tan esperada noticia del rescate de los 33 mineros chilenos sepultados durante 69 días en la mina San José de Copiapó, en el desierto de Atacama, los distintos medios de comunicación, en la inmensa mayoría de sus programas, han dedicado especiales a esta ansiada y positiva actualidad. Entrevistas a familiares, amigos, personal encargado de las labores de rescate, equipos médicos y políticos, entre otros, han llenado cientos de páginas de diarios y semanarios y multitud de horas de tertulias.
Una de las colaboradoras de un programa de televisión comentó que había escuchado, no recordaba dónde, que los mineros habían recibido clases de un ”gran experto en retórica” con la intención de prepararlos para recibir al alud de periodistas “que se les echarían encima” con multitud de preguntas respecto a su cautiverio y las extremas condiciones en las que se desenvolvieron durante los dos últimos meses.
Preguntado el corresponsal desplazado a la zona del accidente sobre esta noticia que corría por distintos círculos informativos, no dudó en asegurar que los hombres sepultados habían recibido en las últimas semanas clases de oratoria en las que aprendían, básicamente, a no responder a preguntas que consideraran incómodas, ofreciendo como única respuesta caras de póker. Y, créanme, realizó tal afirmación con una convicción fuera de toda duda. No ofreció ningún otro consejo.
Cómo experta en oratoria me cuestiono tales enseñanzas o, para ser más exactos, sospecho que la información que sobre este tema ha llegado a manos de los informadores no es del todo exacta. De todos es sabido que el mensaje oral varía considerablemente en la transmisión de un emisor a otro.
¿De verdad se puede recomendar a unas personas que han vivido incontables sufrimientos durante las últimas diez semanas que pongan cara de póker si les incomoda la consulta que les expongan?
La claridad y el entusiasmo son las claves de la comunicación eficaz y no tengo la menor duda de que estos valientes son capaces de responder de forma clara, por haberlo vivido, y entusiasta, por la alegría del rescate, a las interrogantes que les formulen respecto a sus miedos, sentimientos, dudas, pensamientos o emociones durante su cautiverio.
Un efectivo y pertinente “Nos sentimos felices. Permítannos, por favor, recuperarnos junto a nuestros seres queridos y gustosamente les atenderemos en unos días. Gracias por su interés”, natural, sencillo, breve, emotivo y sincero. Eso les recomendaría yo.



