OTRAS APLICACIONES DEL PROTOCOLO SOCIAL
Atónita me he quedado cuando por pura casualidad, para ser más exactos por una alerta de google para las inocentes palabras “protocolo social”, me deriva a un enlace de anuncios eróticos clasificados gratis en los que una bella modelo trans que se define como algo más que un cuerpo y una cara bonita, “ una DAMA educada y llena de glamour” entre otras cualidades bastante más libidinosas que bajo ningún concepto reproduciré, presume de unas competencias que hasta el momento jamás me imaginé que pudieran formar parte de la carta de presentación de una cortesana como un valioso componente de atracción profesional.
La mujer en cuestión amén de venderse como un bien preciado capaz de satisfacer los deseos más íntimos de cualquier persona con independencia de sus necesidades, fantasías o capacidades, afirma poseer un “conocimiento del protocolo social y un trato exquisito” preludio de sus intenciones: “soy la compañera ideas para las fiestas que tú quieras”…
Cuando aún no me había recuperado de la sorpresa que me había causado el anuncio, otra alerta me lleva a una página de un foro de una comunidad hispana de aficionados al rol, juegos de ordenador y fantasía (como ellos mismos se describen en lasección Inicio) en la que se plantea una sencilla, o no tan sencilla, cuestión: ¿Creéis en el matrimonio?
Un avispado, o más bien desorientado miembro, que responde al expresivo apodo de BlackAbel, afirma de forma contundente que “el matrimonio es un mero protocolo social con el cual se pretende estrechar vínculos con una persona a que quieres para toda la vida…”
Sin duda, llevo años defendiendo que el conocimiento y aplicación del protocolo social, especialidad que nunca me cansaré de decir toda persona y profesional debería conocer y practicar, te proporciona seguridad en tu forma de actuar, posibilita que te conduzcas con naturalidad en cualquier situación que se te presente cumpliendo el papel que te toca ejercer, contribuye a una mejor proyección de tu imagen, facilita las formas más adecuadas en el tratamiento social y honorífico, recomienda el saludo más conveniente en cualquier situación, orienta sobre la indumentaria adecuada a cada ocasión o evento, demuestra tu educación en la mesa y, entre otros cometidos, pone de manifiesto las tan apreciadas elegancia, discreción,, tolerancia y solidaridad.
Sinceramente, he de reconocer que jamás había pensado que mi adorado protocolo social fuese el principal reclamo para ejercer la profesión más antigua del mundo, eso sí, confiriéndole la valiosa categoría “de lujo” o que fuera la razón en la que se sustenta el actualmente devaluado matrimonio.
Si bien tengo claro que estas aplicaciones en las que nunca había reparado no hacen más que reafirmar mi tan defendida máxima: “conócelo, aplícalo y disfruta de tu influencia…”.


